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Legends World (?)

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Legends World (?)

Mensaje  Jony el Lun Nov 18, 2013 7:16 pm

El Robo 
(Introducción de los Ladrones)
(cambiar con la edición de Rio)

Sus manos rosaban las filosas paredes rocosas que eran cubiertas intermitentemente por musgo y moho al evitar caer sobre el piso, duro y escabroso, tan irregular que se tropezaba una y otra vez.  Sus ojos aún no se acostumbraban a la penumbra completa que reinaba en el pasillo por el cual caminaba, tan poderoso como el silencio que lo agobiaba. Un tenue haz de luz trataba de retarla aunque poco hacía frente a la negrura implacable y aterradora.  Pero él la seguía, esperanzado, pues se dirigía a algo muy importante ¿A dónde lo llevaba esa luz? No lo sabía, o quizás sí, pero su mente enigmática no se lo dejaba recordar y cuanto más trataba de descifrar aquel misterio más se percataba de que resultaría en vano. Solo lo descubriría al llegar. 
 
Tampoco recordaba donde se encontraba o como había llegado allí.  Él tiempo indescifrable, parecía inestable y tan repetitivo como la vida de una bruja con el don de la premonición.  No estaba muerto, para su alivio, pues el calor era insoportable y el hedor a humedad y encierro era cada vez más embriagante y los muertos no sentían.  La brisa que golpeaba su rostro tampoco era refrescante solo lo estremecía, aunque no había temor o dudas en su espíritu.   Esta seguro y decidido.
 
La luz, acorde iba avanzando, comenzó a brillar con más intensidad y lo dejaban ver aquellas salientes que tanto lo hicieron renegar.  Su color dorado casi anaranjado lo hacían sentirse en casa, a gusto.  Una sonrisa inexplicable se dibujó en su rostro.  Fue entonces cuando lo escuchó:
 
Crack Crack Crack Crack Crack Crack Crack Crack Crack Crack Crack Crack Crack
 
Era un golpeteo incesante que apenas podía oír, pero era irritante.  Insoportable.  Lo desconcentraba y hacía que la luz se alejara y se apagara.  Parecía como si todo tendiera a  desaparecer al pensar en el sonido.  Apretó su paso decido y veloz hacia la luz que constantemente aumentaba su intensidad, encandilándolo hasta el ardor.  Sus pies ya no sentían el filo de las rocas y el olor aún ardiente se sentía ferroso, metálico al igual que el crepitar que oía debajo de él.  Incluso podía ver de soslayo ese brillo tan cálido que hacía latir su corazón de la emoción.  ¡Era oro! 
 
Habían montañas de monedas a su alrededor, un tesoro que ni el más poderoso rey habría de soñar y él lo sabia aunque nada podía ver, era esa luz la que lo afirmaba.  Esa luz que tanto lo hipnotizaba, lo atraía como una serpiente a su presa, con sus ojos rasgados y anaranjados, tan caliente como el sol.  Había una verdad que le quería decir, tal vez donde se encontraba esa magnífica cueva, pero los golpes volvían a retumbar y no le permitían escuchar y hacía levantar una neblina abrasadora.  La hipnosis ya no era tan fuerte y los golpes incesantes le hacían divagar.  Esos condenados
 
Crack Crack Crack
 
Todo se nublaba
 
Crack Crack Crack
 
La luz que todo lo abarcaba se iba apagando y la voz que no hablaba ya no la escuchaba.
 
Crack Crack Crack

Las sombras volvían a dominar la cueva pero no lo suficiente como para poder notar que las paredes se iban esfumando y sus pies parecían flotar sobre piedras y monedas cada vez más blandas. 
 
Crack Crack Crack
 
Cada golpe se sentía como una puñalada en su cerebro, lo recordaba, sabía de qué se trataba y lo iba a matar.  Porque todo se volvía negro y la luz ya no era igual, era cálida y traspasaba sus orbes enrojecidos y ojerosos.  Un sabor pastoso sentía en su boca y que subía desde su estomago revuelto. Los golpes seguían rompiéndole la cabeza.  Abrió sus ojos al instante, observando la raída tela -un techo improvisado para dormir en medio del bosque- apuñalada por los rayos del sol.
 
- ¡¡Con un demonio!!- gritó tratándose de parar aunque sus pies se trababan y enredaban– ¡Deja tu puto entrenamiento de una puta vez!  Estaba durmiendo- ese idiota lo estaba escuchando pero no dejaba de golpear a ese condenado árbol, el maldito no le hacía caso – ¡¡Aaargh!! Mi cabeza-  sus manos tapaban su rostro mientras caminaba al arroyo donde lo hundiría hasta espabilarse.  – Estúpido markian-
 
-  Caldina está en su posición y tu no deberías beber tanto- aconsejó su compañero sin dejar su entrenamiento matutino.  Aunque solo era una rutina que se repetiría hasta el final de los tiempos.  Jin no despertaría antes de que el sol llegara a la cima del firmamento, mientras que él, Yag Arr, abriría los ojos antes del amanecer y entrenaría por horas.  Para ser más fuerte.  Como su ley lo indicaba.  También sabía que solo escucharía un sincero “púdrete” como respuesta.
 
Solo paró cuando oyó a lo lejos el relinchar de unos caballos y su galope completamente sincronizado.  Fue la primera vez que sus miradas se cruzaron, serias y atentas.  Despiertos al fin, pues el momento de actuar al fin había llegado. 
 
----------------------------------------------------------------------------------------------------------
 
La decisión de dejar la amplia ruta del río para atravesar el cerrado bosque no había sido banal, tampoco la de avanzar a toda marcha sin respiros o pausas arriesgando la integridad de sus propios caballos.  No había tiempo, pues las noticias del noreste fueron buenas y la misión expedicionaria sería anunciada esa noche así como el nombramiento de sus líderes.  No era un banquete mas, por eso llevaban dos barriles del mejor vino y los alimentos más deliciosos que se podían conseguir en esos tiempos y ese cofre de finas maderas y extraño cerrojo cuyo contenido no le había sido informado al capitán Thorn jefe de los siete jinete reales que escoltaban la carreta.  Faltaba poco, o eso era lo que se pensaba.  Pues ninguno sospechaba que ellos serían parte de un plan en las que llevarían las de perder.
 
El sonido de los cascos en plena carrera fue suficiente para ocultar las caídas de los guardianes que uno a uno perdían la conciencia luego de sentir un pinchazo como si del piquete de una abeja se tratase.  Tampoco se percataría de que un sujeto había saltado sobre el techo del carro, no hasta que sintió el crujir de las ruedas y los relinchos de los corceles alejarse de ellos.
 
-  ¡Se la han robado! – gritó lo obvio el único guardián que logró ver montado, ni siquiera posó su mirada asesina sobre el hablador. “mejor concéntrate en alcanzarlo, infeliz” pensó sintiendo unas intensas ganas de cerrarle la boca de un puñetazo a ese bocón.  Luego ajustarían cuentas.  La distancia que los separaban era grande, pero aquella carreta no podría compararse con la velocidad de sus corceles no importaba cuan hábil o listo sea su conductor, no había nada humanamente más rápido que los jinetes reales.
 
----------------------------------------------------------------------------------------------------------
 
Todo estaba saliendo como lo había planeado Jin, ya un hilar de soldados estarían tendidos por todo el camino de los ciervos gracias a la increíble puntería de Caldina.  La carreta ya estaba en su posesión y llevaría a los dos persecutores restantes por la zona más espesa del bosque, el mejor lugar para perderlos y donde él se encontraba.  Oculto entre las ramas de un inmenso árbol, regañando y preguntándose porque jamás opinaba sobre las planeación.  Ahora estaba pagando las consecuencias.  Pues su papel no solo era arriesgado sino ridículo.
 
-  Me debes una grande, Jin- dijo Jag Arr tomando aire y coraje para entrar en acción.  Aquel sería un salto al abismo y solo tenía una cuerda de la que sostenerse.
 
----------------------------------------------------------------------------------------------------------
 
La carrera se había prolongado por demasiado tiempo y los caballos lo estaban sintiendo, su respirar era tan agitado que estaba angustiando al capitán.  No quería sacrificar a esa hermosa bestia por no poder levantar sus piernas del cansancio.  Lo peor de todo es que habían perdido al maldito ladrón, y tan solo porque se habían perdido un par de veces ¡Todos los caminos se parecían!  Él solo pensaba en aquella carreta, y en todos los castigos que recibiría si no la recuperaba.  Degradación, cárcel, tortura, convertirse en comida de espectro, cualquiera sería posible 
 
-  Capitán- gritó con fuerzas su subordinado, Thorn solo apretó sus dientes y aceleró el paso un poco para alejarse de aquel hombre, una vena comenzó a sobresalir de su frente-  Capitán- tampoco contestó, solo suspiró.  La vena estaba a punto de estallar – Capitán-
 
- ¡¿QUÉ!?-
-  Escucho un zumbido-
- ¿Eh?
-  O un grito…no se…Iaaah o Yaaag-
-  ¡¡No imp…-
 
PLAF
 
Thorn salió volando varios metros por los aires viendo como el mundo se convertía en una mezcla de colores sin forma, que giraba y giraba sobré un eje que era su rostro.  Recordaba en aquella sombra indefinida y gritona que se abalanzó sobre ellos sostenido de una soga, como un péndulo.  Fue corta la espera antes de sentir el suelo duro sobre su brazo y costillas.  No le importó el dolor en su cuerpo o lo blando que su brazo se sentía,  se puso en pie como un resorte desenvainando su espada listo para la batalla.  A su alrededor, no estaba ninguno de sus caballos que habrían huido al verse en libertad.  Frente al capitán, estaba su soldado peleando con su agresor, que evadía con habilidad las rápidas estocadas que el jinete realizaba.  La batalla ya estaba decidida por ello no actuó o eso diría para no revelar en su informe que una punzada en su cintura lo estaba paralizando momentáneamente, Thorn solo se dignó a observar aquella patada que nació de un giro y terminó en el abdomen del soldado, doblándolo del dolor y haciéndole soltar su espada.  Luego el ladrón tomaría la cabeza para propinarle un rodillazo en el rostro del guardián y dejarlo fuera de combate.
 
Ambos se miraron fijamente, en un reto mutuo.
 
----------------------------------------------------------------------------------------------------------
 
Estaba seguro que volver con las manos vacías, sería su sentencia de muerte o en el peor de los casos una larga y dolorosa vida donde perdería todas sus pertenecías, su honor e incluso sus manos, en retribución por el robo pues alguien debía pagar.  Aquella sería su última batalla y le alegraba que su última víctima fuera un sucio markian.
 
Los odiaba como todos, esos que por siglos habían humillado a soldados como él.  Que se creían demasiado como para portar armas y armaduras, hombres desaliñados que no tenían respeto por el verdadero arte y pulcritud de la guerra.  Por suerte habían destruido sus ideales junto con su tribu y solo quedaban algunos restos decadentes y asquerosos.
 
Le sonrió porque ese chico moriría, pero lo suficientemente lento como para poder disfrutarla.  Un capitán del ejército real no podía perder con un niño.
 
- HAAAA- gritó avanzando hacia él lanzando ágiles estocadas, con su sable liviano de jinete obligándolo a retroceder.  Agacharse, retroceder, o incluso alejarse por sus flancos, Yag Arr solo podía evadirlo y mantenerse a una distancia para evitar se cortado, porque no podía avanzar, no había hueco en su defensa por donde atacar.  “Si tan solo tuviera un buen maestro de quien aprender” se resignaba esperando una oportunidad.  Aún así atacó pero Thorn fue más rápido.
 
El primer corte lo recibió en su muslo izquierdo y el segundo en su brazo, eran superficiales como lo deseaba la rata del rey.  Su sonrisa sádica se agrandaba a medida que la sangre teñía el verde musgo.  El sudor caía a chorros por su frente y su cuerpo, estaba agitado.  En frente tenía a un hombre confiado y divertido, que lo frustraba.
 
- ¿Cansado?- se burlo el capitán señalándolo con la punta de su espada -  Que pena, recién estoy entrando en calor- blandió su espada una nueva vez llegando a rosar su mejilla.  Yag se quejó y Thorn rió.  Sería más fácil de lo que creería.  Estaba tan confundido que el joven ya ni podía enfocar sus ojos en él, el dolor de sus cortes y el cansancio le estaban haciendo perder su cordura, pues esa mirada solo significaba resignación.  Aprovechó la distracción y lo derribó de una patada.
 
-  Creías que podías vencerme ¿Eh?-  gritó pisando su pierna herida, obligando al ladrón a ahogar sus gritos de dolor  –que tu apestosa sangre iba salvarte.  ¡Insolente gusano!-  los pisotones seguía constantes y a pesar del dolor Yag se obligaba a callar hasta que por fin encontró lo que había buscado.  Yag sonrió
 
- ¡Espera!
- Esperar…
- Hoy no moriré-
-  Yo creo que si-
-  ¡Mira atrás!-
 
PLAF
 
De Javu. Tenía que ser una broma, una muy macabra.  Estaba tan concentrado en su última batalla y en su moribundo rival, que no se percató del chillido de las ruedas del carro que avanzaba formando un ángulo recto con los caballos que tiraban de él.  Al voltear solo se encontró con una mole de madera laqueada yéndosele encima. El golpe sería seco y Thorn cayó inconsciente de espaldas como una tabla mientras en su mente aun navegaban los insultos y maldiciones a todos los seres y objetos del reino; continuaría allí luego de que Thorn despertara y se viera atado a un árbol junto con sus soldados, sin armas ni armaduras, solo en paños menores.
 
-  Capitán- dijo el inoportuno “hablador”  -  Capitán, creo que se está quedando sordo-
 
----------------------------------------------------------------------------------------------------------
 
La carreta ya no era escoltada por soldados, ni siquiera sus conductores eran los mismos.  Allí estaban Jin, Yag Arr y Caldina, los tres intrépidos ladrones que supieron hacerse hábilmente con todas las posesiones de la diligencia, incluso los caballos que llevaban atados a la carreta.  Jin rebosante de alegría y un ego inflado que reluciría al llegar a la taberna, su amada guarida
 
-  Buen trabajo, preciosa- dijo el líder a la chica que poco caso hizo a los halagos -  y tu Yag no pudiste con un par de soldados.  Estaba a punto de abandonarte-
 
-  No sería la primera vez – respondió alusivo y desconcentrado, pensando en su derrota.  Ese hombre lo había derrotado y había sobrevivido por la mera fortuna y por su amigo.  Memorizaba su rostro, esa sonrisa burlona y humillante que debía apagar, por su honor y el de su tribu.
 
-  ¿¡Qué?! ¡¿Cuando?!- pronunció ofendido como si fuera el mejor actor.  Aunque se detuvo al ver las miradas de sus compañeros, se conocían demasiado y estaban demasiado cansados como para ese juego – ¡Bah!  Apresúrense.  Quiero llegar a la taberna.  Conozco a una linda moza que puede ayudarte con tus heridas y si le pagas un poco más te podría ayudar con otras cosas.  Yo podría ayudarte con eso gratis, Cal-


Última edición por Jony el Sáb Dic 28, 2013 7:34 pm, editado 1 vez

Jony

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Re: Legends World (?)

Mensaje  Jony el Lun Nov 25, 2013 11:14 am

Demonios
Los cascos de los caballos golpeaban contra el suelo resonando en el bosque. Encabezándolos, un caballo blanco con un caballero de resplandeciente armadura roja, a juego con sus ojos, que parecía no sentir la lluvia.

-Caballeros…- Decía con voz potente, a los hombres que lo seguían, en sus monturas.- Del resultado de nuestras acciones depende el futuro de la humanidad. Si ganamos, tendremos una oportunidad para florecer. Las grandes ciudades podrán prosperar y comenzaremos a vencer a los demonios de fuera del reino… Y si perdemos…- Cerró los ojos un momento.- Cuando ganemos ésta batalla, será el primer paso para un nuevo futuro. Están a punto de ver el futuro correr bajo los cascos de vuestros caballos… De ver cómo el progreso comienza a dar sus frutos… Caballeros…- Y alzó la voz en un grito de guerra, desenvainando su espada.- ¡¡Hagan que su Rey se enorgullezca!!- El grito de guerra de sus hombres, al unísono, era la reacción que esperaba. Volvió a guardar la espada, en su cintura, y espoleó a su caballo.- Hikari, localización.

-Nuestro objetivo se encuentra a poco menos que una milla, 35 grados al oeste.- Dijo la joven que cabalgaba a su derecha, y Revan asintió, con los ojos de determinación.- Mira bien, hija. Esto es el resultado de muchos años de trabajo.

-¡Ahí está!

Ahí estaba. El bosque terminaba abruptamente, y repentinamente el escuadrón de caballeros se encontró en una planicie en la que se veían millas y millas… Y allí, sorprendentemente cerca…

-Dios… ¿Qué es eso?- Dijo uno de los hombres, acobardado.- Parece una especie de… bestia… ¿Es uno de ellos?

No le faltaba razón. Aquella bestia era grotesca. Un pedazo de oscuridad arrancada del corazón del mundo.- ¡Atención!- Gritó Revan, el capitán.- Hikari, llévate a la mitad de los hombres por el lado derecho de esa cosa… Quiero que lo acribilléis, que le sirváis de señuelo. No os acerquéis más de lo necesario. ¡Partid!

La criatura pareció girarse hacia ellos, y dos enormes ojos como faros rojos apuntaron en su dirección, mientras Revan y los que habían quedado, hombres a los que confiaría su vida, seguían tras él, cabalgando hacia una muerte segura.- Caballeros, Si esto falla espero que recuerden el procedimiento…- Su capa marrón ondeaba tras él, y sus hombres no podían verle la cara.- De lo contrario… Ha sido un honor cabalgar junto a ustedes. Distraedlo por el lado oeste, rodeadlo y encontraos con el grupo de Hikari al otro lado.

Y, llevándose la mano al hombro, desenvainó la espada roja, distinta de la anterior que había utilizado, y que empezó a brillar con luz propia. La silueta de la criatura hecha de oscuridad se abalanzó sobre ellos.- ¡¡Ahora!!

Jony

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Re: Legends World (?)

Mensaje  Jony el Lun Nov 25, 2013 11:18 am

Ocaso en el bosque
El sol se oculta tras los árboles, y las sombras se alargan, confundiendo la realidad, y convirtiendo los agradables claros en tenebrosos caminos, donde cualquier cosa es posible. No es un lugar seguro, ya que, según dicen las leyendas, muchos magos se refugiaron en la espesura cuando el gobierno aprobó su caza como si fueran animales, y se dice que si alguien se adentra lo suficiente en el bosque, puede encontrarse de golpe con una de sus reuniones y aquelarres… Y después puede que nunca más se vuelva a saber de él.

Además de que como todo bosque salvaje que se precie, está lleno de bandidos.

Sea como fuere, la zona estaba tranquila, y sólo había dos seres inteligentes que marchaban en la creciente oscuridad.

-No te quedes atrás.- Dijo él.- Si te pierdes, lo mejor que podrías encontrarte serían bandidos, y no es una situación agradable.- Sus ropas negras le hacían confundirla en la noche, y cuando se daba la vuelta, su rostro pálido parecía brillar como una máscara, como si fuera un espectro. Sus pies eran seguros, y sus manos guiaban a la joven que le seguía unos metros más atrás… Y que no parecía exactamente asustada por sus palabras.

-Como si unos bandidos de miércoles pudieran hacerme algo. Creo que me estás subestimando, ni todos esos aldeanos habrían sido capaces de tocarme.

-No te des tantas ínfulas, niña. No te protegía de los aldeanos, sino de los inquisidores.

-A esos tampoco les tengo miedo. La verdad es que no sé por qué me sacaste de allí. Lo tenía todo bajo control. Y tampoco sé dónde me llevas.

-Vivís muy bien en el oeste, ¿Verdad? Tu aquelarre tiene mucha suerte de que el Gobierno no vea ningún futuro por el agua y os permita vivir en las costas y acantilados… Pero aquí las cosas son distintas. Los expedicionarios campan a sus anchas, y donde hay expedicionarios está el ejército. Y con él, la Inquisición, que es la que regula la magia en el Reino.

-Ya te he dicho que no les tengo miedo. Si tuviera miedo me habría quedado en casa. Yo sola habría…- Replicó, airada, pero él se dio la vuelta, deteniéndose bruscamente, con lo que quedaron a unos centímetros de distancia. La joven bruja pudo notar el aliento helado de su guía.- ¿Habrías qué? ¿Qué habrías hecho? Suponiendo que hubieras podido con los inquisidores, ¿Después qué? La Corona acabaría enterándose de lo ocurrido y se darían cuenta del obvio peligro que suponen los aquelarres. Y entonces, más te valdrá estar lejos de allí porque no creo que quede ninguna bruja en el Oeste.

Ella sonrió medio en broma medio en serio.- Vaya, ¿Entonces lo has hecho por mi? Qué considerado.

-No me conviene que las cosas se agiten en el este, eso es todo. Además, si tienes problemas es de esperar que haya una guerra… No, prefiero que todo siga bajo control.

-Sí, claro.- Dijo ella, sin borrar la sonrisa de su rostro.- Y entonces, a dónde me llevas?

-Aquí. Zaun, Renthan. Salid. Soy yo.

Entonces, la bruja vio cómo, aparentemente por casualidad, se habían colocado en el centro de un círculo de setas y que éstas habían comenzado a brillar.

-Ya hacen muchas lunas desde la última vez que viniste por aquí, Keith.

-Espero que esa chica sea una recompensa a nuestra paciencia…

Las voces, graves y cavernosas, no parecían venir de ninguna parte, así que la joven bruja miró a todas partes, alerta. Pero Keith, como habían llamado al joven, no parecía ni un poco preocupado.- Comportaos un poco, viejos decrépitos.- Dijo éste con un desprecio casi manifiesto, a pesar de lo tenebroso de las voces.- Pertenece a un importante clan de brujas del Oeste, esas que no tienen que lloriquear y esconderse porque cuatro soldados patrullen sus tierras. Aquí es conocida como Rioco. Ser corteses, ¿de acuerdo?- Rioco miró en torno a sí para identificar las voces, y se dio cuenta… De que eran los árboles. Árboles con rostros, rostros de viejos decrépitos que se iluminaban a la luz de las setas brillantes y que se movían con sonidos parecidos a madera.- Rioco, éstos dos son Zaun y Renthan. Eran druidas que vivían en el bosque hasta que el Gobierno comenzó a perseguir a los magos. Su transformación en árboles fue muy trabajada y ningún inquisidor fue capaz de encontrarlos, pero fue tan trabajada que aún no han conseguido recuperar su apariencia humana, aunque aún pueden hacer magia.

-Somos los druidas más poderosos de todo el Este, señorita.- Dijo uno.

-¿Sigue la vieja Baba Yaga haciendo de las suyas?- Dijo el otro.

Rioco los miró, divertida. A la luz de los hongos, los ancianos eran casi invisibles, pero sí podía ver cuándo se movían sus ramas. Se sentó en un tocón dentro del círculo.- ¿Y ahora qué? Ya me has salvado pero aún no me has dicho qué vas a hacer conmigo.- Keith se quedó pensativo un momento.- ¿Contigo? ¿Qué quieres que haga contigo? Cuando te vi en aquel pueblo estaba de paso, tú no entrabas en mis planes… Y sigues sin estar en ellos. Haz lo que quieras. De momento tengo que irme a arreglar un par de cosas a la frontera.

-Pero eso está lejos, ¿vas a ir corriendo?- Dijo uno de los viejos.- ¿Ha pasado ya el carro de los expedicionarios?- Replicó Keith, volviéndose hacia uno de los viejos árboles.- No, aún no ha pasado ningún carruaje por el bosque… pero…- Bien. Entonces me uniré a ellos. Ah, por cierto…- Le dijo a la bruja, ya en el límite del círculo de hongos.- Como podrás imaginar en este claro estarás a salvo, pero una vez salgas de él no puedo garantizarte nada. Nos vemos.

Avanzó más allá del círculo de setas y se perdió en la oscuridad, sin un ruido. Una sombra. Un espectro inaudible. Un asesino.

Rioco apoyó la mano en la cadera, y oyó cómo los árboles seguían con su cháchara de viejos.- Se ha ido sin que pudiera decírselo, Zaun…

-Sí… - Zaun se rio, con una risa cascada que acabó en una tos.- Se ha ido sin que pudiéramos decirle que el carro lo habían robado unos bandidos… Pero mira… Mira lo que nos ha dejado.- Ambos árboles movieron sus ramas, y éstas comenzaron a

deslizarse hacia la bruja.- Eh, bonita, tal vez seamos viejos, pero nuestras ramas aún son vigorosas…

-¿Sabes que mis frutos pueden ser… afrodisíacos?

Ella los miró y volvió a sonreír, mientras en una mano, sostenía una de las setas… Que cayó cortada limpiamente por la mitad.

Y, sí, los viejos tal vez fueran árboles… Pero quien ha sido hombre una vez es hombre siempre, y hay cosas que, por mucho que uno cambie de forma… Nunca se olvidan.


Última edición por Jony el Lun Nov 25, 2013 11:24 am, editado 1 vez

Jony

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Re: Legends World (?)

Mensaje  Jony el Lun Nov 25, 2013 11:21 am

Rubi
El chico, de una forma física envidiable para ser civil, daba largas zancadas por el jardín, hasta llegar a la puerta de la construcción de piso bajo, custodiada por dos enormes moles bárbaras de puro músculo, que se apartaron para dejarlo pasar.

El interior de la cabaña era engañoso, ya que nadie se esperaría la existencia de tales escaleras, que se adentraban muy hondo en el subsuelo. Sin embargo, el joven de pelo negro se lanzó por ellas como un caballo al galope.- ¡Ya vienen!- Gritaba, según bajaba.

-¡Ya vienen!- Resonó en el subterráneo, según seguía bajando, y cuando llegó al final abrió la otra puerta sin contemplaciones, provocando una sarta de exclamaciones.- ¡Maldita sea, hijo, sabes lo importante que es este nuevo experimento! ¡No entres cuando la linterna de fuera está encendida, porque sabes que no… ¿Qué has dicho?- Dijo, cambiando por completo el tono.- ¿Vuelven con el arma? Bien, esto de subir todas las escaleras es un engorro… Te prometo que algún día se me ocurrirá algo para subirlas de golpe. – Gab arqueó una ceja, y miró a su padres deshacerse de los útiles que estaba utilizando, mayormente pinzas, guantes y una mascarilla. Sí, sin duda todo aquello resultaría muy raro de tratarse de cualquier ciudadano del reino, al menos de cualquiera menos Rex. Él no, él hacía lo que nadie se atrevía a hacer, y se adentraba en los misterios en los que nadie se atrevía a adentrarse. Como, por ejemplo, en el caos que reinaba en su estudio, que él llamaba “laboratorio”, ya que decía que allí era donde laboraba. Al lado de un grimorio antiquísimo con la cubierta en árabe y las páginas de color marrón, se hallaba un montón de lentes amontonadas y tubos, que alguna vez había montado para ver las estrellas, y al lado de aquello, más y más frascos con disoluciones y mezclas que Gab no podría llegar a imaginar, aunque estuviera aprendiendo de él.

Y es que Rex vivía en su laboratorio. Su hijo no sabía ni cómo había sido capaz de casarse y tenerlos a él y a su hermana, de hecho. Su trabajo, su hobby, sus tiempos libres, sus ideas… Todo, o casi todo, estaba allí. Por ejemplo, ahora mismo estaba trabajando en una solución que, según sin palabras, le permitiría congelar un objeto para siempre, como hacía Diamond, pero con la diferencia de que, según él, el objeto original no quedaba atrapado dentro de la placa. Algo así como si el sol hiciera un dibujo de ese objeto en la placa, le había explicado, pero aún así Gab no las tenía todas consigo.

Y, volviendo a la historia, padre e hijo echaron a correr de nuevo escaleras arriba, saliendo al jardín parpadeando por el exceso momentáneo de luz.- ¿Ya sabes cómo ha ido, Gab?- Dijo el padre, ajustándose las lentes de protección que usaba siempre en su laboratorio, y que su hijo le recordó quitarse.- ¿Qué me los quite?¿Por qué debería quitármelos? Son como mi armadura, y un verdadero guerrero no se quita su armadura mientras haya peligro de un ataque… Y por tanto, mientras haya posibilidad de presenciar el resultado de una de mis hipótesis, sigo haciendo experimentos.- Gab suspiró, resignándose. Había cosas en las que no podía hacer entrar a su padre en razón, pensó, mientras salían al barullo de la calle y buscaba con la mirada. Él no, al menos.

-¡Hola!

Como siempre, la vocecita aguda pero con cierto toque profundo sonó tras ellos, sobresaltándoles.- ¿Vamos a verlos juntos? Char me dijo que ésta vez le habéis dado el arma…- Dijo la rubia, quitándole las gafas a Rex sin preguntar y poniéndoselas ella. – Vaya, me parece que alguien está de buen humor hoy. No deberías quitárselas…- bromeó Gab.- Ahora son “su armadura”.- Rex resopló, mirando para otro lado y echando a andar, provocando las risas de Gab y la otra mujer, que luego echó a andar junto a él. Gab se quedó un momento esperando, viendo cómo su padre se hacía el indignado unos momentos y luego tomaba de la mano a la mujer, que le daba un pequeño beso en la mejilla. Luego sonrió.

Normalmente la gente no le creía cuando decía que la conocía, así que tampoco se molestaba en explicarles más. No se molestaba porque dudaba que alguien fuera a pensar que El Ejército de un solo Hombre, que el General Diamond, que el Escudo del Reino, que Kula Diamond, fuera su madre. Ni que fuera… así.

No muy alta, la mujer mantenía unos rasgos juveniles a pesar de que ya debía contar los treinta años, y su larga cabellera rubia no ayudaba en ese sentido. Con movimientos elásticos y bien medidos, más que un temible General del Ejército del Reino, parecía una joven bailarina coqueteando con el serio alquimista que se había acabado de robar su corazón de hielo.

No, desde luego que en su vida familiar Kula no era en absoluto un témpano. Era más bien impetuosa, y si Gab tuviera que describir a su madre con un animal, sería un gato. Sólo era cuando actuaba bajo las órdenes del Gobierno cuando Kula Salazar se convertía en el General Diamond, cuando los ojos rojizos perdían el calor humano, cuando aquellas manos agradables que podían hacer una comida como curar una herida se convertían en los instrumentos más letales que conocía Gabriel, a pesar de que ella afirmase no haber matado a un solo ser mortal. Aquella era la Generla Diamond, la del cabello color hielo, color azulado.

Las calles estaban abarrotadas de gente, y a los tres no les resultó fácil abrirse camino a través de la multitud, aunque cuando lo vio imposible, Rex activó uno de sus inventos, y subió por encima de la multitud, con unas calzas de varios pies de altura, lo que le permitió, sujetando a Kula contra sí, abrirse paso mejor entre la multitud.

-Menudo exagerado.- Dijo Gab, poniendo los ojos en blanco, y sacando la placa que el Gobierno les había dado para hacer valer su autoridad como colaboradores con ellos.

Cuando llegaron a la puerta de la muralla, consiguieron colocarse en primera fila, y Rex plegó otra vez sus aparatos, ocultándolos bajo la ropa y dejando a Kula suavemente en el suelo. Gab salió resoplando un instante después, y siguiéndole, una mujer de cabello negro y rasgos orientales.- ¡Charlie! ¿Crees que a ese demonio le habrá gustado el hechizo que colocaste en la espada? – Dijo Rex, con una sonrisa, a la maga, y ésta miró hacia la puerta, sin decir nada.- Papá, no hables de enfadar al demonio, y menos cuando sabes que su hija y su marido están ahí fuera.- Rex le devolvió la sonrisa.- Bueno, técnicamente nuestra Anna también está ahí fuera, y no tiene ningún padre para que cuide de ella. Y no te he oído preocuparte últimamente. ¿No será que tú también tienes interés…?

-Ahí llegan.- Dijo la oriental, y padre e hijo volvieron la vista a la puerta, que comenzaba abrirse.

Y allí estaban. Los hombres no parecían los mismos que cuando habían salido. Llenos de polvo, agotados, y, en algunos casos, incluso heridos. Era el precio que había que pagar. El precio que había que pagar por enfrentarse a un demonio. Los caballos sin jinete lo atestiguaban.

La primera que se acercó a ellos fue una joven en un caballo bayo. De pelo hasta los hombros y una armadura plateada, sus rasgos orientales no dejaban dudas sobre su parentesco. Charlie se acercó a ella.- Hikari…

La tristeza y el cansancio hacían mella en el rostro de la joven. Era su primera vez en el mundo salvaje, y, aunque estaba bien entrenada, eso no era fácil para cualquiera. Allí fuera, a nadie le importa si sabes esgrima. A nadie le importa de quién seas hija. Lo único que les importa… Es por qué no estás muerta.

Bajándose del caballo, la joven oriental se dejó abrazar por su madre, que la rodeó en los brazos, aunque Gab notó cómo los ojos de la guerrera se volvían fugazmente hacia él, en un movimiento tan rápido que pensó que se lo había imaginado. – Ha funcionado, mamá… El arma… sí les hace daño…- Dijo con voz desmayada, pero eso no era todo. Los cuatro que recibían allí la comitiva, Rex, Kula, Gab y Charlie, sabían que aquello no era todo. - ¿… Dónde… dónde está Revan?- Kula fue la primera en romper el silencio, y Charlie dejó de abrazarla, para mirar a los lados, y preguntar de nuevo a su hija, que bajó la mirada, ocultando los ojos bajo el pelo.- Sí… ¿Dónde está Revan? Le di a él el arma, se supone que él es quien tiene que venir a informar…

La posibilidad que sugería la muchacha era demasiado terrible para que cualquiera de los cuatro la tomase realmente en serio, pero instante a instante, comenzaron a hacerse a la idea. La gente murmuraba, y pronto los hombres que les habían acompañado se fueron al cuartel, a disfrutar de un merecido descanso. Pero Hikari no. Ella parecía clavada con el hielo más puro de Kula en el suelo.- Revan… Revan…

Su madre la miraba, con los ojos muy abiertos, y una única y silenciosa lágrima bajaba por su mejilla.- P-papá fue…- Dijo, pero se le quebró la voz y tragó saliva antes de continuar, intentando mantener la compostura.- Revan fue en cabeza, e-él era el que tenía el arma y nosotros íbamos a actuar para distracción, todo saldría bien, conocíamos la velocidad de reacción del demonio así que no de-debería haber habido problemas… Aún así… Todo fue muy confuso. Los tajos abrían grietas en el cuerpo de esa cosa, que se enfadaba más y más…

Rex se pellizcaba el labio, nervioso, y Kula se lo mordía, apretando los puños según avanzaba el relato de la joven.

-Entonces todo aquello se volvió un caos, y muy bien qué pasó. Sólo que cuando abrí los ojos, vi la mitad de su caballo cerca de mí. No había ni rastro de ninguno. Las bajas eran muy numerosas, así que no tuvimos más remedio que regresar. Lo siento…- Las

lágrimas anegaron los ojos de la joven oriental, y su madre le dejó el hombro, rodeándola de nuevo con los brazos y acunándola suavemente.

-Entonces… ¿Revan ya ha…?- Rex seguía siendo incrédulo, pero su mujer le cortó, tajante.

-No. Revan no ha muerto. El Revan que yo conozco, nuestro Revan, no moriría así. No puede morir así.

Los pájaros comenzaban a piar, saludando a la fría mañana del bosque, saludando al sol, que calentaba sus nidos y a ellos, dándoles fuerzas para afrontar un nuevo día, un nuevo día que parecía despejado, un nuevo día que se auguraba agradable… Pero no para ella.

Rioco maldijo por milésima vez. ¿Cuánto tiempo llevaba caminando? ¿Y sólo se había hecho de día? Cuando el chico ese, Keith, se había ido, ella no había tardado mucho en seguirlo, preguntándose dónde iría un tipo como él, y desoyendo las insinuaciones verdes de los druidas-árboles. Había ido, esperando encontrárselo caminando un poco más allá (ya lo había dicho Zaun, o Renthan, que el carro había sido robado), pero sin embargo, su búsqueda había sido en vano… Y se había perdido. ¿Por qué no podían ser aquellos los bosques de su tierra natal? Las escarpadas montañas se veían a lo lejos, como gigantes expectantes, esperando su reacción, esperando ver cómo resuelve uno la situación. Se veían, ahora, pero en la noche eran invisibles. Y ella estaba sola. Aquellos bosques no se parecían en nada a los suyos, donde una roca o un arroyo podía marcar un punto de inflexión.

No. Estos bosques eran todos jodidamente iguales. ¿Cuántas veces había pasado ya por aquél árbol? ¿Y en aquella piedra, cuántas veces se había sentado a decidir por dónde iba?¿Qué había elegido la última vez? Los caminos eran jodidamente iguales.

Quién tuviera la capacidad de orientación de una bruja, de quien se decía que podían ver los caminos de los espíritus, invisibles para los seres mortales, pero que en realidad se guiaban por el sol y las estrellas (y lo que era aún más gracioso, ¡Decían que el sol era una estrella!). Pero no, ella no la tenía. Sólo tenía bosque. Un bosque de mierda. Por todas partes.

Pateó una piedra, pero no acertó, y lo único que consiguió fue una bonita nube de polvo, y un dolor agudo en el dedo gordo. Y más fastidio. Así que, concentrándose en la pierna y cogiendo carrerilla, la pateó con todas sus fuerzas, y la mandó lejos.- Piedra de miércoles…- Dijo, viéndola volar, y se dio la vuelta, dispuesta a irse por un camino que le había parecido nuevo… Hasta que oyó un sonido metálico.

Se detuvo en el acto. ¿Había golpeado la piedra algo metálico? Ese sonido era inconfundible. Pero, tan dentro del bosque… No, no podía ser. Algún escudo oxidado de batallas antiguas? ¿Una espada que se había dejado allí algún bandido?

De todas formas, Rioco comenzaba a sentir el mordisco del hambre, y prefería no utilizar su poder alegremente, al menos no allí, en el bosque (ya se lo había dicho Keith, aquello estaba

lleno de bandidos y demonios), por lo que necesitaba algo para poder cazar… Así que se acercó al origen del sonido metálico…

Y soltó una exclamación ahogada.

No lo había visto jamás, eso por descontado, pero sí había oído hablar de él. La armadura color carmesí, el cabello color de fuego, el inmenso tamaño… Sí, aquél era el general del ejército del Rey. Era Revan, el Rubí. Y su sangre teñía las plantas de las inmediaciones. La invocadora se mordió el labio, indecisa, y pasó la mirada. De Revan, a su espada. De la espada, a Revan

Jony

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Re: Legends World (?)

Mensaje  Jony el Lun Nov 25, 2013 11:27 am

La Taberna
(Primera Parte)
Río abajo, recostada sobre la ladera de la colina por donde cae la cascada, se encontraba una choza abandonada.  Era una construcción de madera y techo de paja, vieja como el mismísimo tiempo.  Tan endeble y destartalada que hasta una brisa veraniega tentaría con tumbarla.  Pero no lo haría, pues detrás de su oscuro umbral los llevaría al averno.  Se decía que detrás de aquella puerta se encontraba la boca de un demonio hambriento que guiaría a los desafortunados hasta un estomago de lava y acido donde los digeriría luego de la peor de las agonías.  Rumores creados para mantener alejados a metiches e indeseables que no debían saber que la persona que cruzara la puerta rechinante, se encontraría con una pared de rocas y que, al accionar una de ellas, se abriría un umbral oscuro para dar paso a un túnel poco cuidado.

La llevaría por un pasaje que rápidamente inundaría sus sentidos con un olor picoso y enviciante mientras que el sonar de guitarras y tambores ambientaban el camino que terminaría en un salón de enormes proporciones, allí donde el olor se sentía más presente. En el techo, varios candelabros toscos y antiguos iluminaban las mesas y la barras de madera, rusticas como todo lo que allí había.  Pero nada les importaban esa gente que se encontraba reunida, ni el piso de tierra, ni los montones de heno húmedo amontonados en varias zonas.  Todos y cada uno de ellos festejaba, gritaba y vitoreaba o incluso se quejaba, entremezclándose con las campiranas melodías que allí sonaban.  Bebían con pasión de jarras enormes, mientras sus sonrisas quebradas les hacían manchar la comisura de sus labios incluso llegando hasta sus prendas.  

No había control, todo era desmedido y grotesco.  Hasta su alegría - que dependía del alcohol - resultaba decadente.  Desde la entrada se podían ver unas escaleras que llevaban hasta un segundo piso repleto de habitaciones donde hombres y mujeres entraban y salían con un ritmo inquietante.  Una puerta mucho más grande, esculpida y laqueada resultaría lo más llamativo.

Para llegar hasta allí se debía atravesar todo el salón, observando los distintos matices de esa zona.  Grupos hablando y gritando sobre teorías locas, negocios imaginarios y acciones políticas o militares que jamás se llevarían a cabo, eran eruditos necios que mucho parloteaban sobre lo poco que sabían. Gente bailando al compás de la música o incluso apostando a la suerte con dados, cartas o su puntería con los cuchillos.  Entre ellos también se mezclaban los impacientes y pasionales que se apretaban contra las paredes y columnas al notar que todavía no era hora de entrar a las habitaciones.  Cerca de la barra se concentraban la mayor cantidad de gente que iban y venían en busca de su anestésica bebida lugar por donde abrirse paso resultaba necesaria gran determinación y codos filosos.  

Allí era donde se encontraban los tres ladrones que habían realizado el robo de la semana, a quienes sus demás compañeros celebrarían tal logro.  Sería fácil reconocerlos al tener su descripción.  En especial del markian que tanto ímpetu puso el capitán Thorn en describirlo.  No llevaba ninguna prenda arriba de su cintura y aunque unas cuantas vendas manchadas lo cubrían no era suficiente para ocultar su espalda ancha ni sus brazos fornidos y abdominales marcados producto de sus costumbres salvajes y guerreras, esos entrenamientos casi religiosos que realizaban.   Sin embargo, había algo raro en la expresión del joven, que desentonaba con el perfil de un markian,  Su cara no era recia, ni amenazante y sus ojos negros no emanaban el fuego que se esperaría de alguien como él.  En realidad, su rostro mostraba dudas, hasta temor, a pesar de su vano intento de ocultarlo.  

Entonces la vio, a su lado estaba una chica de cabellos oscuros, sus aparatos colgando de su cintura la descubrió.  Ella era la tiradora.  Su semblante no parecía muy bueno y se movía como si estuviera mareada.  Con una mano sostenía el antebrazo de su compañero mientras que con la otra sostenía una botella de ron.  Mordió su pico y sacó de de un tirón el corcho que la tapaba, con tal habilidad que dejó atónita a la observadora y también abrumada por la poca finura que esa joven mostraba.  ¿Acaso pensaba seguir bebiendo? ¿Cuán poco respeto se tenía para realizar una escena tan lamentable?  No cavia dudas, no había una dama en ese apestoso lugar.  

Tomó de esa botella, haciendo pasar una mediada considerable del vil licor por su garganta y el markian cerró sus dientes, su puño y apartó la vista.  Entonces la ladrona volcó el líquido sobre la herida y el moreno ahogó un grito golpeando la barra un par de veces.  ¡Lo estaba curando en medio de la barra! ¡Hasta los campos de batalla eran más higiénicos! ¡Hasta un chiquero lo era! ¿Qué no sabían que se le podía infectar su herida?

- Deja de llorar ¡Pareces una niña!- se burló la ladrona con una corta risa que evidenciaba su estado -  No te quejabas tanto cuando te rebanaban ¿eh?  – Kula sonrió sarcástica, todos los guerreros eran iguales – ¿Quieres que te cosa?- preguntó la chica pero un “no” rotundo salió de la boca de Yag Arr al mismo tiempo trataba de alejarse torpemente –  ¡Eeey! No soy tan mala-

-  Si lo eres, uno casi pierde una mano por tu culpa -  interrumpió el tercer sospechoso acercándose al grupo, abrazando a una muchacha con cada brazo su sonrisa lo evidenciaba, ese tipo no era de confiar, y solo con verlo podía afirmar que era un estafador consumado. Al pasar junto a ella sintió un olor nauseabundo que se pegó en su garganta  e incluso sintió un leve mareo, sus parpados estaban hinchados y rojos, sus piernas se movían demasiado desarticuladas para una persona normal y parecía que resoplaba con constancia.  Pronto les murmuró a sus acompañantes unas palabras que no comprendió haciendo que ellas se alejaran del grupo con carcajadas.  No sin antes ser víctimas de las miradas obscenas del gamberro.  Solo había escuchado unas cuantas frases de ellas, pero fácilmente logró determinar que la inteligencia no era una cualidad que poseían, como la mayoría de allí.

- ¡No exageres!- replicó molesta – Eso solo fue solo un accidente-

-  Pero no fue el único- agregó Jin – Está Bob, El tuerto, Roxie, Albert…  Yag creo que es mejor que cicatrice sola ¿no?  el guerrero del grupo solo asintió con un tono bromista callándose nombres y acotaciones, pues a pesar de la confianza que se tenían, Caldina podría resultar bastante aterradora si se enojaba.  

- ¡Bah! la próxima vez háganselo ustedes mismos- lo interrumpió dándoles las espaldas, ofendida con sus compañeros malagradecidos, sus ojos estaban puestas en esa botella que la miraba con cariño y unas inmensas ganas de verla estallar contra la cabeza de sus amigos.  A veces se comportaban como niños.

- ¡Jin! ¡Tanto tiempo!  - Un cuarto hombre entró en escena y todos sabían de quien se trataba,  Rex, el científico del rey.  Un hombre casado que nada tenía que estar haciendo en ese antro del demonio y mucho menos conocer a ese rufián - ¿Estos son tus compañeros?  – preguntó y Jin solo asintió.  Rex se presentó con su nombre extendiéndole la mano al markian quien respondió de igual manera, dándole uno de los apretones más fuertes que Rex había sentido, le quedarían sus dedos marcados por un buen rato.  Pero omitió esa sensación al prestar atención a la joven, demasiada atención.

-¿y usted es?–  comentó a la muchacha tomando suavemente su mano para besarla, Cal frunció sus frente extrañada aunque sus mejillas se ruborizaron, incomoda y sorprendida por ese trato tanto que solo pronuncio su nombre - Si permite mi intromisión, una señorita tan linda no debería dedicarse a una profesión tan peligrosa-  ¡¿Estaba coqueteando con una mocosa?!  Iban a tener una larga charla cuando se encontraran en su casa, como que se llamaba Kula Diamond.

-  Has venido supongo que tendremos nuevo equipos- interrumpió Jin. – esas piedras no fueron nada fácil de conseguir-
-  Ya lo sé… ya lo sé… tu jefe no deja de recordármelo y bien caro me hizo pagar.  Estoy seguro que mis nuevos aparatos te gustarán mis nuevos aparatos –
-  Eso espero, Red tuvo que participar-
-¿¡Red!? ¡Vaya! - había sorpresa en sus palabras- Como sea debo irme, ya es demasiado tarde…una lástima- Kula estaba segura que esas palabras estaban dirigidas a la muchacha porque le lanzaba con “esa” mirada – Su jefe rechazó mi ultima petición pero si se atreven y si quieren algo…no duden en visitarme para hablarlo.  Tu tampoco señorita, serás bienvenida.-

Lo iba a matar.

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Los pies de Rex lo sacarían fuera de la taberna, atravesaría el estrecho túnel hasta llegar al cuchitril de la entrada, sin saber que quien saliera de allí sufriría el peor de los tormentos y eso no estaba en los planes quien lo estaba espiando, no podía permitirlo.  Lo seguía sin que él se percatara, nadie lo hacía pues todos estaban concentrados en nimiedades más notorias.  Necesitaba retenerlo de alguna manera al menos hasta que su misión haya acabado.  

El golpe fue duro, certero y extrañamente frio como un trozo de hielo.  Todo se volvió negro cuando perdió el control de su cuerpo.  Había quedado inconsciente y no se despertaría hasta mucho después.  Él se encontraría encerrado en un contenedor de madera rodeado de basura, confuso y aturdido, pensando si la imagen de su mujer había sido el último recuerdo o tan solo una alucinación producto del golpe.  Los bordes de la tapa parecían sellados por algo extremadamente frío y solo una persona podría abrirla.

“No puedo permitir que te atrapen” pensó Kula al dirigirse a su objetivo principal.

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Kula fácilmente pudo dilucidar que detrás de la puerta se encontraba la creme de la creme de ese grupo de la peor calaña.  La cabeza de toda una organización que tantos dolores de cabeza les habían dado.  Décadas de investigación y jamás habían podido dar con la base de un grupo tan organizado y poderoso como ellos, un verdadero sindicato del crimen.  ¿Por qué los campesinos ayudaban y ocultaban a estos rufianes? ¿Tanto era su odio contra el reino que vitoreaban y admiraban a criminales? ¿Acaso no entendían que sus acciones habían sido las causantes de una creciente crisis?  Solo eran limosnas lo que recibían y aun así preferían traicionar a aquellos que les habían otorgados las tierras de las cuales vivían.  Al parecer solo eran haraganes e hipócritas.

Se acercó sigilosa oculta por las sombras de un rincón detrás de un mueble inútil.  Segura de que nadie la descubriría, pues solo tres personas tenían cerca, un guardia ebrio con tanto pelo que jamás lograría ver su periferia y una prostituta que atendía a un cliente en la esquina opuesta, demasiados concentrados en su negocio como para hacerle caso.  

Trató de olvidarse de la repugnante escena que le habían obligado a presenciar.  Trataba de mentalizarse de que terminaría rápido, que había una misión que completar.  El tiempo apremiaba y debía identificar a los líderes, concentrarse en las voces que venían de la oficina funcionaba levemente.  Aunque ni sus ruidos ni el ir y venir de los cuerpos podían pasar desapercibidos.  Al parecer solo eran animales que podían hablar.

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Al principio que iba en aumento así como la temperatura que se sentía dentro de esa habitación.  Sus voces tensas y furiosas, se oían cada vez más fuertes.  Solo había dos hombres en la oficina pero hacían suficiente ruido como para mantenerla alerta.  Estaba segura que se trataba de los dos hombres más poderosos e influyentes de la banda, allí se encontraba el líder de la banda y al parecer un tal Red lo acompañaba y por lo que oía se trataba del segundo al mando.

-Jefe ¡Hay que hacerlo! Tenemos los mapas, las armas, los hombres…-
- ¿Hombres? –
- ¡Sí! Cuenta los que están allí abajo, incluso hay más en las otras villas.  Y los campesinos ellos…-
-¿Te estás escuchando? ¡Piensas hacerlo con un puñado de ladrones y campesinos! Quieres ir contra todo el ejército.  Es imposible, nunca lo harían-
- ¡Vamos!  Ellos te admiran.  Solo dales un motivo y se unirán.  Diles esa frase que siempre dices: “la nobleza solo son ladrones que robaron tanto que ya parece que todo es suyo”.   Los inspirarías con esas tonterías.  Además, El ejército está debilitado, más si los campesinos les cortan los suministros ¡podemos ganar si somos muchos! -
-  No importa el resultado, sería una masacre.  Correrá mucha sangre-
-  ¡¿Y?!  Eso sí que no importa, las cosas cambiarían mucho.  Nuestra situación mejoraría-
-  Ja  No saldrá nada bueno de eso.  No lo haré, no seré el responsable de ríos de sangre.  Hay códigos que seguir y tú, Red, solo eres un canalla ambicioso.  
-  ¿¡Códigos?!  Esa es una escusa de antaño.  ¡Una moda pasajera!  La verdad es que solo eres un viejo cobarde y débil que…
-  ¡¡Silencio!! -  Kula sintió un fuerte golpe contra una madera que la mantuvo alerta, la tensión en el ambiente ya era algo que parecía poder cortarse con un cuchillo y ella lo pudo sentir.  Mucho le interesaba esa conversación pues sean cual sean sus planes sabía que estaba evitando un suceso inmenso y desastroso para el reino -  Cierra esa puta boca de una vez si no quieres que arranque la lengua.  No permitiré que ningún estúpido como tú me insulte ¡Con un demonio!  Escúchame bien, aquí el jefe soy yo ¡soy yo el que decide lo que se hace y continuaremos robando como siempre! ¿¡Entiendes!? Ahora vete de aquí y será mejor que no empieces a decir cosas de las cuales te arrepentirás.  Te lo advierto Red.
-  Como quieras- la manija rechinó y la puerta comenzó a abrirse levemente.
-  Red, contrólate o te hundirás por tu ego-
-  Eso lo veremos, señor-

--------------------------------------------------------------------------------------------------------------
La puerta chilló un largo lamento al abrirse y luego sintió el ruido de unas botas acercándose a ella.  Solo bastó un segundo de incertidumbre para que Kula pudiera observar al hombre que salía de la oficina principal y por unos instantes lo pudo ver perfectamente.  Era un hombre enorme, de espalda ancha y brazo gordos, llevaba una camisa beige manchada y arrugada con un escote que mostraba su pecho marcado con una enorme cicatriz uniforme.  Un enorme cuchillo estaba amarrado a su cinturón.  Sus cabellos eran rojizos como el fuego, enmarañados y sucios y solo unas manchas de barba manchaban su rostro fue entonces cuando sus ojos se cruzaron por un instantes, su cuerpo se estremeció y sintió un nudo formándose en su garganta.  Una sonrisa macabra creaban sus labios.  Había tanta maldad y locura en su expresión, que le hacía dudar de su naturaleza humana.  Los espíritus lo rechazaban, sentían su esencia podrida y la sangre que ensuciaban sus manos y lo odiaban.  Kula no sentía lástima por ese sujeto.  Solo era aversión.  

Apoyó su mano en suelo, sus ojos rojizos brillaron con más fervor.  El calor que había en la taberna se convirtió en un frío incomodo, unas ráfagas de viento apagaron las llamas de los candelabros y desde el suelo una suave cortina de niebla empezó a subir y haciéndose cada vez más espesa, pronto la niebla lo cubriría todo e indicaría el momento culmine de su misión.  Pronto todo terminaría.

Jony

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