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El contratista que no existe

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El contratista que no existe

Mensaje  Zero el Miér Sep 19, 2012 8:26 pm

Algunas veces, para obtener una información, para conseguir una meta, hay que jugar bien las cartas de las que uno dispone. Hay que disponer bien las piezas en el tablero, situar los peones en su lugar y mover el alfil engañosamente. Y, cuando, confiado, el enemigo lo mate, parecer sorprendido, como si no nos esperásemos que lo pusiera ahí.

El hombre bajaba por el ascensor de la inmensa sucursal de la organización, en Tokyo, esperando que no hubiera mucho tráfico para poder llegar pronto a casa y ver a su mujer y sus hijos. Sus acompañantes, todos con trajes inmaculados, como él, y algunos con bata de laboratorio se fueron bajando en las respectivas plantas, y, cuando llegó al aparcamiento subterráneo, estaba solo. Sin embargo esto no le preocupaba. No era un hombre imaginativo, y no era dado a creer en la existencia de fantasmas o de otras figuras místicas en las sombras. Tal vez si lo hubiera hecho nunca se habría atrevido a llegar hasta su coche, en la penumbra, ni habría entrado sin preocuparse de nada más que de la cena que habría esa noche.

Cuando cerró la puerta del coche y se dispuso a meter la llave en la cerradura, una voz distorsionada lo interrumpió.
- Y bien, Gojoteki-kun... ¿Continuamos con nuestra amigable conversación?


A veces, cuando quieres conseguir algo, tienes que aparentar que te llega solo.

---
La azafata del mostrador de recepción en el pasillo de salida del vuelo sonrió.- ¿Me enseñan sus billetes, caballeros?
---
-Que tenga un buen día, señor, disfrute de la comida.- Saludó el camarero cuando se cerró la puerta del local. Luego pareció despertar de una cabezada, y, perplejo, se miró las manos.- ¿h-ha desaparecido? ¡Pero si me lo acaba de dar! estoy seguro...

[Argentina]

El sol, anaranjado, se ocultaba tras un lejano horizonte de la vista de los coches que atravesaran la solitaria carretera de interior y, paralelamente a éste, un manto de oscuridad comenzaba a bañarlo todo. Sin embargo, el sol, seguro de su victoria todos los días, continuaba alumbrando bastante al anochecer, por lo que nadie, absolutamente nadie, pudo entender que aquél coche, un viejo seiscientos bastante destartalado y de color marrón tierra, se hiciera pedazos contra un árbol, en un espectacular accidente que arrancó parte de la planta, formando una grotesca escena que bien podría haber sido una obra titulada "la naturaleza contra el hombre", firmada por algún ácido artista contemporáneo.

Pero era real. Los pedazos de metal que, retorcidos, humeaban al ocaso en la solitaria carretera, eran reales. El brazo que se extendía, ensangrentado, en el suelo, era real.

El grito del conductor, instantes antes del choque y que había sido audible varios metros a la redonda por las ventanas abiertas, era real.

La muerte, es real.

Zero

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Re: El contratista que no existe

Mensaje  Irene el Jue Sep 20, 2012 8:00 am

El sol apenas comenzaba a ocultarse mientras me despedía de aquella pareja de ancianos, amigos durante años de la familia Vega, prácticamente no poseo recuerdos familiares en los que ellos no se encuentren pues, mis padres y los de ellos se criaron a su vez, prácticamente juntos. Amigos del barrio, como solía decir mi difunta madre. Así es, mi familia comenzaba a desvanecerse eslabón por eslabón, primero fue mi hermana, quien falleció prematuramente gracias a un idiota que la arrolló y luego se dio a la fuga dejándola desangrarse. Luego mi madre, dicen que las madres nunca supera la pérdida de un niño, y mi madre decía; "Habría preferido que muriera de niña, así al menos no tendría tantos recuerdos dolorosos...", pues, en efecto, ella no pudo superarlo y creo...supongo que murió de tristeza...aunque como doctora debería atribuirlo a su edad y su deteriorado sistema inmunológico. En fin, mi padre la siguió un año después. Es increíble pensar que esa cadena de sucesos trágicos se dio solo porque un mal nacido conducía mientras hablaba por móvil.

Bueno, nada se puede hacer ya, los únicos familiares cercanos que me quedaban era aquella anciana pareja.

Mi vista se perdió unos segundos debido al destello del sol atravesando el vidrio de la ventana, haciéndome pestañear mientras asentía a lo que la mujer me decía "No te molestes tanto con ese tonto, ya verás que pronto aparecerá, y cuando lo hago no olvides decirle lo que te encargue, ¿de acuerdo?"
Ella aun poseía rasgos alegres en su semblante, a pesar de que el idiota de su hijo había desaparecido de la faz de la tierra hace ya varios años, y siempre que le barajaba la posibilidad de que estuviera muerto, ella repetía "Siento que está vivo y bien, porque soy su madre". Condenado idiota, como se le ocurre abandonar a su familia, incluso sus padres se habían acostumbrado a bromear con la idea de "Debe haberse fugado con un buen par de..." "Ya sabes cómo son los hombres con eso, linda". Pff, si se fugó con alguna mujer, es para darle una paliza al desgraciado, por mucho que ellos rían ante la idea.

Pero esta vez era la primera en que ella decía que aparecería pronto, así que, me aventure a preguntar; "¿Cómo lo sabe?", y, a pesar de estar esperando la usual respuesta carente de fundamentos racionales, me sorprendí, pues contesto con algo aun menos racional; "Lo he visto en las cartas...Ahh cariño, no me mires así, ya he demostrado que tengo 70% de probabilidades de acertar. -se defendía-¿No recuerdas aquella vez en la que predije que un hombre iría a la cárcel?" "Cielo, ese hombre estaba 'saliendo' con una niña de 16 años, y el tenia veintitantos, tarde o temprano ocurriría algo así" "Bueno, sino quieren no me crean, pero yo se que el regresara, en un máximo de 3 meses, jum, mis predicciones solo se dan en ese límite de tiempo"...

Y así...habiendo tardado un poco más de lo esperando en despedirme, salí del cuarto de cuidados especiales del geriátrico, donde se los monitoreaba las 24hs pues...la realidad es que ellos también estaban muriendo.

Me encaminé al auto y salí como era usual, aunque con un recado en mente; partirle la cara al idiota de Leonardo, y decirle aquello que su madre quería. Él y yo habíamos sido amigos, de esos amigos de la infancia que siempre están ahí para patearte el culo cuando te decaes. Suspiré quedadamente, incluso Marco había desaparecido…
En eso divagaba mi mente cuando un grito resonó en mis oídos y seguidamente el de un fuerte impacto, en frente, un automóvil había dado de lleno contra un gran Lapacho amarillo, cuyas flores, ante el impacto, se regaron por todo el lugar.
Me hice a un lado en la carretera mientras cogía con una mano el móvil y llamaba a emergencias. Salí prácticamente disparada, pisoteando las flores, que se quedaban pegadas entre las suelas de mis zapatos gracias al charco de sangre que comenzaba a extenderse.

-A mierda...- Exclame casi sin darme cuenta al ver más de cerca la escena interior mientras jalaba sin mucho éxito la puerta. Ésta había quedado, junto al resto del auto, casi como un acordeón, con el metal retorciéndose sobre si mismo de forma que resultaba casi imposible atravesar sin una cierra. Viendo que no podría hacer nada para sacar al sujeto de ahí, metí mi mano por el cristal roto de la puerta… como si de algo sirviera alcanzarlo solo con mi mano...en ese instante no pensaba muy lógicamente. -Dale, dale boludo, como se te ocurre andar en esta carcasa vieja, ni siquiera airbag tienen.- Hablaba como tratando de encontrarle sentido a otra muerte estúpida. Lo sabía, no había demasiadas posibilidades que estuviera vivo, pero no quería darme por vencida, no al menos hasta confirmar que no tenia pulso, tal y como mi raciocinio medico me pedía.

Irene

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Re: El contratista que no existe

Mensaje  Zero el Sáb Oct 27, 2012 10:29 am

Las sombras se perfilaban en la carretera en el ocaso con más penumbra que luz, y la joven poco más podía hacer que tratar de llegar hasta el accidentado. El brazo que se extendía en el suelo, rojo como la sangre, no tenía pulso, y a juzgar por el ángulo con el que el muerto parecía mirarla de forma grotesca, no era difícil averiguar la causa de la muerte.

Los rasgos aterrados del hombre, asiático, parecían ver en ella un fantasma, un monstruo capaz de dar el volantazo que lo lanzaría directamente al árbol en un frenesí suicida.

Los servicios de emergencia no se caracterizaban por su rapidez en aquel sitio, pero tampoco lo hacían por su lentitud, y en una zona despoblada como aquella, tardarían unos cuantos minutos en los que Irene estaría sola en la cada vez más oscura carretera.

Puede que fuera una chica imaginativa, puede que fuera más práctica y sólo se guiase por lo que podía ver al contrario que la mujer que acababa de visitar. Pero lo cierto es que aquella figura oscura que la observaba tenía algo inquietante.

La silueta no tenía rasgos, o al menos ella no podía verlos por la sombra que proyectaban los árboles, pero lo que sí se podía ver era la silueta de un hombre.

Y ya no estaba.

Y algo corría tras ella, sin embargo, si se giraba para mirarlo, no podía verlo.

La escena se repetiría algunas veces. Una figura oscura, antropomórfica, la observaba en el rabillo del ojo, sin embargo estaba sola en el lugar. ¿o no lo estaba?

- Está allí... silbaba una voz, ¿o era el viento? los matices cambiaban y se repetían. ¿O sólo pasaba aquello en su mente?

- ¿Se encuentra bien?- El oficial de policía le sacudió el hombro, la chica estaba como en una especie de ensueño.- El hombre es de ascendencia japonesa. Un inmigrante, imagino. estamos cotejando sus huellas para obtener su identificación. ¿Podría contarme lo ocurrido o prefiere descansar antes?- Repentinamente, allí estaban todos, el coche de policía, la ambulancia... La camilla ensangrentada ya iba camino de esta, aunque como era obvio más bien era tarea para un coche fúnebre, el protocolo era el protocolo. Uno de los enfermeros se acercó, también. Era del hospital donde trabajaba Irene, Juan Carlos, una persona sencilla que trataba de hacer su trabajo lo mejor posible, como ella. Un buen amigo.- ¿Estás bien, Ire? Parecías ida... ¿quieres venirte por si acaso?

Zero

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Re: El contratista que no existe

Mensaje  Irene el Dom Dic 09, 2012 10:52 pm

Me lleve una mano a la frente, tratando de formar algunas palabras. Aquella...cosa...había sido una alucinación, una...perturbadora alucinación.

-Ah...Esto.- Volví a restregarme la sien. - Al parecer perdió el control y dio contra el árbol.- Eché la cabeza hacia atrás como buscando aire y tratando de despejar mi mente, que por lo visto, había quedado mas turbada de lo que creía. Deje escapar un resoplido mientras apuntaba con las llaves hacia mi automóvil, encendiendo la alarma y dirigiéndome así hacia la ambulancia.

-Espero que mi auto siga ahí mañana.- Solté, forzando una sonrisa hacia Juan mientras subía en la parte de atrás. Si, junto a él y al recién fallecido. Por alguna razón tenia la necesidad de un rostro familiar, pues esa extraña sensación de temor seguía recorriéndome la espalda.

Cogí una compresa fría del botiquín, tome asiento en una de las placas metálicas que hacía las veces de banco, pegadas al armazón de la ambulancia, y me dedique a retener la compresa sobre mis ojos. - ¿Cómo va el chequeo? ¿Solo fue por exceder el límite de velocidad y darse de cara a un árbol?.- Dije con un deje de ironía, solo por tratar de verme “normal”. Juan respondió de forma afirmativa, mientras seguía en lo suyo y diciendo algo como "el resto lo sabremos luego de que pase por el laboratorio", en realidad mi mente aun estaba en otro lado. No es que no soporte el ver muertos, tengo de esos a diario, pero no podía dejar de pensar que algo extraño se ocultaba tras esto...Aunque, muy a mi pesar, ello me llevase a hablar como la madre de Leonardo. Aunque quizá..Este tipo de cosas deja de rozar lo "sobre natural" si tomamos en cuenta la existencia de esos contratistas.

Uhm, si, definitivamente...Desde que Marco. Aff, en fin, solo, es mejor que permanezca acompañada...

Irene

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Re: El contratista que no existe

Mensaje  Zero el Mar Dic 11, 2012 6:14 pm

El examen de Irene no arrojaría más luz sobre el extraño incidente que había presenciado, ya que, como ella parecía saber subconscientemente, no era tarea para un médico.

Tal vez para un psiquiatra. O algo peor.

Y allí estaba ella, directamente en la ventana del hospital.
La gente no sabe cuán fácil es matarlos hasta que alguien lo hace. Bang.

Y muerta.

Así de fácil.

Sin embargo, el hombre siguió vigilando la entrada del hospital, con un pasamontañas a juego con la ropa, de color negro. Pronto saldría...


Zero

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